Reynosa
Por Martín Díaz / Periodismo con Firma
Reynosa, Tam.- La política, en su definición más pura, es el arte de tomar decisiones en grupo y gestionar el poder para alcanzar el bien común. Bajo esta premisa, quien preside el Congreso del Estado no es solo un administrador de debates, sino el responsable de la salud institucional de uno de los tres Poderes. Debe ser, sobre el papel, el político con mayores cualidades para el consenso, capaz de unir a los desiguales y sentarlos a la mesa de la civilidad.
Sin embargo, a veces la realidad de la calle contradice la teoría del poder.
Hace unos días, en la esquina de las calles Herón Ramírez y Michoacán, en Reynosa, el diputado Humberto Prieto inauguró su oficina de gestoría. El evento fue sencillo, acompañado por su esposa —un gesto que habla bien de su entorno personal— y frente a los medios de comunicación. Cumplió, en lo formal, con la obligación moral de mantener un espacio para escuchar el sentir ciudadano.
Pero lo que debió ser una muestra de músculo político terminó siendo un termómetro que marcó temperaturas bajo cero.
Llamó poderosamente la atención el vacío en torno al Presidente de la Junta de Gobierno. En una ciudad que cuenta con una nutrida representación en la actual legislatura, resultó inexplicable que ninguno de sus compañeros diputados se diera el tiempo de acompañar a quien, en teoría, lidera el Congreso. Si el evento era una invitación abierta al diálogo y la gestión, el desdén de los otros siete legisladores locales de Reynosa lanza un mensaje inquietante.
Ese vacío se extendió a los otros niveles de mando. No hubo representación del Gobierno Municipal, evidenciando que las diferencias personales siguen pesando más que la necesaria relación institucional. Tampoco hubo señales del Gobierno Federal, a pesar de que todos caminan bajo la misma bandera de Morena.
Ante este escenario, solo quedan dos lecturas posibles, y ambas son preocupantes para cualquier político con aspiraciones: o no hubo invitación, lo que revelaría un aislamiento voluntario, o no quisieron acompañarlo, lo que confirmaría una fractura profunda en la clase política local.
Si en la "casa" —que es Reynosa— el termómetro marca frío, es difícil esperar que en la máxima tribuna del Estado el clima sea distinto. Si quienes representan al mismo partido no pueden coincidir en un evento de gestión social, se entiende entonces por qué los asuntos prioritarios de la agenda legislativa siguen avanzando a cuentagotas.
En política, la forma es fondo; y hoy, el fondo muestra a un liderazgo que camina con la familia, pero que parece haber perdido la brújula de la unidad con sus iguales.