Reynosa
Por Pegaso
Valeria
¡Ojo! ¡Mucho Ojo! La Ley Valeria nos ha colocado a los varones en una situación de indefensión ante las furiosas ultrafeministas. Si les sacamos la lengua o si nos dirigimos a ellas con el mayor candor posible, propio de nuestro género, lo tomarán como arma en nuestra contra e iremos a parar con nuestros huesitos a mascar fierro en el penal de Puerta Grande o al Altiplano.
El presente trabajo periodístico incluye una serie de verdades acerca del mal llamado sexo débil. Aquellas que no soporten críticas, favor de saltarse hasta donde dice: “Y las mujeres son unas hijas de la…”
Para empezar, la Ley Valeria no protege a las mujeres: Les da una arma.
No es un avance para nuestro sistema legal, sino un retroceso tremendo. Su contenido incluye penas corporales y económicas desproporcionadas.
Por ejemplo, hasta ahora los atentos y educados hombres acostumbrábamos dirigir inocentes piropos a las curvilíneas chicas que se cruzaban en nuestro camino. Hoy, si hacemos eso, seguro nos mandarán a trabajos forzados a las Islas Marías.
Como alguien explicaba en las redes: En todo grupo social hay personas buenas o malas. Y el grupo de las mujeres no es la excepción. Así como hay hombres buenos y malos, miembros de la comunidad LGBT+ buenos y malos, militares buenos y malos, maestros buenos y malos, etcétera, también hay mujeres buenas y malas.
La Ley Valeria y otras legislaciones progres como la Ley Olimpia o la Ley Vicaria, proporcionan armas legales no a las mujeres en general, sino a las que creen que el hombre es un enemigo porque aseguran que todos estamos cortados con la misma tijera.
Debo explicar algo, aunque suene cruel: Es una condición biológica de los hombres sentir placer cuando ven a una mujer hermosa. La Naturaleza nos ha hecho así, porque garantiza la prolongación de la especie. Una mujer bella garantiza que será sana. Un trasero y unos senos prominentes permitirán que nuestros hijos tengan suficiente alimento para crecer en sus primeros años de vida y posteriormente, que su madre tenga el vigor necesario para defenderlos de cualquier amenaza.
Por consiguiente, un hombre no se fijará en una mujer fea, ni la perseguirá con fines de procreación ni la acosará. Es más, ni la va a pelar, amenos que el hombre también esté más gacho que Danny Trejo.
El fenómeno también ocurre a la inversa. Muchas mujeres andan tras los hombres sanos, guapetones y prósperos porque garantizan una descendencia igualmente exitosa.
En la sociedad mexicana actual, la Ley Valeria incluso debería aplicarse a favor del hombre, porque también existe el acoso femenino. Si no, díganselo al Jefe de Seguridad, Omar García Harfuch.
Todos los días recibe en sus redes sociales propuestas indecorosas, algunas de ellas, muy subidas de tono.
Desde el inocente: “¡Omar, amigo, ¿te quieres casar conmigo?”, hasta aquellas que quieren que les haga un hijo.
Muchas de las funcionarias o diputadas se pelean por posar para la foto cerquita de García Harfuch. Su aureola de hombre de poder, de macho alfa y de gorila “lomo plateado” le ha granjeado el mote de “irresistible” para las graciosas, delicadas y candorosas damitas.
No quiero poner aquí algunas frases abiertamente sexuales que aparecen en los comentarios en sus redes sociales, pero creo que harían sonrojar hasta al mismísimo Satanás, si las leyera.
Nada más porque Harfuch no es mamón ni represivo, sino desde hace tiempo habría una montaña de demandas contra sus calenturientas acosadoras, si es que la Ley Valeria tuviera el mismo valor para todos, hombres y mujeres.
Así pues, las leyes deben hacerse para garantizar un trato justo y no dar armas a un segmento de la población en contra del otro. Ante la Constitución todos somos iguales.
Y las mujeres son unas hijas de la Naturaleza, igual que el hombre, “con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, con amor y desamor, son como gaviotas, pero felinas como unas leonas, tranquilas y pacificadoras, pero al mismo tiempo irreverentes y revolucionarias; felices e infelices, realistas y soñadoras. Sumisas por condición, más independientes por condición”-como cantaba Lupita D’Arrecio allá por los ochentas con su canción “Mudanzas”.
Y no digo más, porque no quiero llegar a conocer la furia de las ultrafeminazis.
Por eso mismo en las redes sociales hay quienes recomiendan que si vemos a una mujer en apuros, mejor ni nos detengamos a ayudarla, porque nos podemos meter en broncas.
Aseguran que la Ley Valeria acabará por distanciarnos aún más a los hombres y a las mujeres, porque cualquier acercamiento romántico podrá ser malinterpretado como acoso sexual.
Finalmente llegaremos a una situación tal que los varones lo pensarán mil veces antes de atreverse a hacerle alguna proposición, por muy bienintencionada que sea, a una chica que le llene el ojo. Dejará de haber descendencia y se habrá cumplido uno más de los propósitos de la Agenda 20-30 para disminuir la población mundial.
Mientras tanto, los sufridos y resignados hombres tendrán que conformarse con la única mujer que tendrán a mano: La Manuela.
Viene el refrán estilo Pegaso, cortesía de “Chachita” en “Nosotros los pobres” (Nosotros los pobres, por su nombre original. Estrenada en 1948. Película mexicana dirigida por Ismael Rodríguez Ruelas. Protagonistas: Pedro Infante, Evita Muñoz “Chachita”, Blanca Estela Pavón, Carmen Montejo, Miguel Inclán, Katy Jurado y Delia Magaña): “Ni emitir sonidos articulados, fémina; portas arma punzocortante”. (Ni hablar, mujer; traes puñal)