Reynosa
Por Edy Pintor
El huachicol fiscal: la gasolina que financió el fentanilo mexicano
La historia del fentanilo mexicano, la sustancia calificada como arma terrorista de destrucción masiva y que ha cobrado cientos de miles de vidas estadounidenses, no empezó en laboratorios clandestinos aislados como el gobierno de la 4T se los quiere vender.
Empezó con ductos, aduanas, pipas y complicidades institucionales que generaron un río de dinero ilícito. Ese río se llama huachicol fiscal.
Me explico
Sin los recursos multimillonarios del huachicol fiscal (esa operación de contrabando de combustibles desde México a Estados Unidos y viceversa , con protección política y militar en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y que continúa bajo Claudia Sheinbaum) no se explica la escala industrial de producción, adquisición de precursores chinos, fabricación, distribución y exportación de fentanilo hacia el norte.
Es una cadena, porque el dinero del huachicol lubricó las rutas, compró lealtades, financió precursores y gobiernos cómplices que permitió que cárteles operaran con la tranquilidad que solo da la impunidad desde arriba.
Al que esto escribe le consta, se-me lo platicó en su momento Sergio Carmona Angulo, conocido como el “Rey del Huachicol”.
Sergio no era un actor marginal. Era un operador que conocía los entresijos del negocio de los combustibles ilícitos y cómo estos recursos se entretejían con otros ilícitos.
Hace años, en una brecha de un estado del Pacífico, ya lo habían encañonado, células de cárteles le habían puesto el alto porque traían información sensible: los recursos del huachicol fiscal estaban financiando la compra masiva de precursores chinos para fabricar fentanilo en México.
Para esos grupos, eso significaba competencia desleal o un cambio de reglas que no controlaban. Veían al gobierno de la 4T como un actor que estaba metiendo las manos en su negocio tradicional.
Presumían que Sergio era parte de esa nueva competencia. Pero Sergio era ajeno, lo conocí bien y mi Hermano en Cristo, nunca hubiera sido capaz de cometer o ser parte de la mente criminal que caracteriza a Andrés Manuel López Obrador, Audomaro Martínez Zapata y Adán Augusto López, así como sus rituales oscuros.
Sergio Carmona, era un hombre creyente y de corazón converso. Pero tiene amigos dirán quien en realidad era cuando él ya no puede defenderse. Para eso estamos los amigos.
La cosa pintaba fea. Sergio Carmona se salvó esa vez gracias a una llamada oportuna al general Audomaro Martínez Zapata, quien intervino y resolvió el entuerto con los grupos armados.
Me lo contó con detalle.
Era una confesión de alguien que estaba metido hasta el cuello y veía cómo el negocio se transformaba.
Sergio Carmona terminó ejecutado en noviembre de 2021 en una barbería de San Pedro Garza García, Nuevo León y su ejecución sigue siendo un fantasma que persigue a más de uno en la estructura política.
Pero antes de eso, su testimonio y el de otros operadores dejan claro algo: el huachicol fiscal no fue un delito aislado de “pipas robadas”. Fue un esquema de Estado, con aduanas controladas (Reynosa, Matamoros), contratos a empresas vinculadas, protección de altos mandos y un desvío de recursos que, según investigaciones periodísticas y denuncias, superó los seiscientos mil millones de dólares.
Ese dinero no se evaporó. Financió campañas, estructuras y, según la lógica criminal, también lubricó la expansión de otros negocios más letales.
Mientras tanto, los precursores chinos llegaban por puertos del Pacífico, se procesaban en México y el fentanilo cruzaba la frontera provocando cientos de miles de muertes en Estados Unidos.
Los huachicoleros —los del huachicol fiscal, con protección institucional— son ‘sponsors’ de ese daño.
No pudo haber fabricación industrial de fentanilo sin la lubricación económica y política previa.
No se concibe la exportación masiva sin los recursos y las complicidades que el huachicol fiscal generó en el corazón del sexenio de López Obrador y que, al parecer, no ha desaparecido del todo.
Seguiré contando lo que sé y lo que documentan las investigaciones.
Para que la pólvora de la verdad de esta columna titulada GUNPOWDER (pólvora en español), termine incendiando tantas mentiras…
Mi nombre es Pintor, Edy Pintor y esto es,,, ¡GUNPOWDER!