Matamoros
Por Arabela García
Columnas de Arena: Balones de Oro, Cuentas de Vidrio y funcionarios en la Cuerda Floja
¡Qué bárbaro! El termómetro está que revienta, el calor nos tiene bien calcinados y, por si fuera poco, ya rodó el mendigo balón. Oficialmente empezó la fiesta del Mundial y parece que la orden de arriba es clarita: tómense una bien fría, pónganse la verde y olvídense de las penas. Quieren que nos dopemos con el fútbol para no ver cómo está el panorama. Pero ni el calorón más bravo nos quita lo despiertos, porque mientras la FIFA se llena los bolsillos de puros billetes verdes, en las calles la realidad nos está metiendo una tranquiza de aquellas.
Para empezar, los maestros de la Coordinadora armaron su propio contragolpe y tienen a la Ciudad de México de cabeza. Se plantaron en su macho y no quitan el dedo del renglón; por más que el gobierno federal les avienta ofertas, estos compas quieren más y más, con una voracidad que ya cala. Agarraron el Mundial de rehén para colgarse del reflector internacional y exhibir las de por sí maltrechas costuras del país en plena inauguración. Saben perfectamente que el gobierno está contra las cuerdas y están jugando rudo, bloqueando arterias y amargándole el viaje a los turistas, sin importarles a quién se llevan entre las patas.
Y la que de plano prefirió ver el partido desde la banca fue la presidenta. No se va a a parar en la inauguración y ahí están los analistas dándose de topes: unos dicen que, por congruencia, para no hacerle el caldo gordo al negocio privado de los hombres de pantalón largo; otros, los más maliciosos, aseguran que le sacó al parche. Y es que el palco presidencial quema; nadie quiere sufrir el abucheo histórico que le acomodaron a Díaz Ordaz en las Olimpiadas o el grito de «culero» que se llevó Miguel de la Madrid en el Mundial del 86 por andar de brazos cruzados tras el sismo. Prefirió guardarse antes de que la tribuna le cobrara las cuentas pendientes.
Mientras tanto, este Mundial nos cuesta un ojo de la cara y la mitad del otro. La FIFA armó su agosto: los boletos están por las nubes, inalcanzables para la raza que cada quince días va a raspar el azulejo al estadio local para apoyar a su equipo. Esto no es una fiesta para el pueblo, es un banquete VIP para los que traen la cartera gorda. Y para colmo del teatrito, los gringos nos recetan sus alertas de viaje como tarjetas amarillas, recordándole a los extranjeros que el país está que arde.
Pero a ver, ya que andamos hablando de cuentas y de ver quién se gasta el dinero del pueblo, aquí en Tamaulipas no cantamos mal las rancheras. Mientras todo el mundo tiene los ojos puestos en la cancha, el Auditor Superior del Estado, Francisco Noriega Orozco, fue a pararse al Congreso local para soltar una sopa que también quema. Resulta que, en el puro papeleo de la Cuenta Pública, ya cacharon a 133 servidores públicos que salieron con las manos sucias en 2024, y en lo que va de este 2025 ya van otros 20 que se ganaron su tarjeta roja por incumplidos y mañosos.
Ahí no acaba el baile: el Auditor les tiene armados 27 expedientes por faltas graves. O sea, de esos que no se quitan con una simple amonestación de «usted disculpe». Lo bueno es que rescataron seis casos que ya estaban por caducar y archivarse al olvido; les pusieron marca personal para que no se escaparan vivos de la ley. Nos dicen que revisaron 162 dependencias y soltaron casi 200 informes detallados de cómo se gasta cada peso. Qué bueno que le aprieten las tuercas a los de arriba, porque mientras la raza se anda tronando los dedos para pagar el recibo de la luz con este calorón, no se vale que los funcionarios anden jugando con el dinero público como si fuera de su propiedad.
Al final del día, lo único que alienta es que los turistas dejen sus buenos dólares para que rule el dinero entre los comerciantes y la gente de a pie, porque lo que es la mentada Selección Nacional, esa ya no nos vende espejitos. Uno cree en México, en su gente trabajadora que aguanta este sol calcinante, los bloqueos y las transas de los de cuello blanco, pero la fe en el equipo y en los de pantalón largo se quedó en el vestidor.El balón se mueve en todos lados, pero el verdadero partido por sobrevivir y exigir cuentas claras lo jugamos nosotros todos los días en la calle.
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