Reynosa
Por José Ángel Solorio Martínez
El CDE y el panismo porteño
El panismo de Tampico, Tamaulipas, está blindado contra los vaivenes que pudieran generarse por el movimiento sucesorio de su Comité Directivo Estatal. El triunfo de Omeheira López o del Truco Verástegui, no moverá un ápice la estructura azul del puerto.
Larga historia la del PAN, en ese lugar que históricamente se ha convertido en un enclave nacional de ese partido.
Ni el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, logró permear esa intensa red política que impidió, en parte, la extensión hegemónica del reynosense.
Joaquín Hernández Galicia, el entonces poderoso líder petrolero, replegó un poco a las élites tampiqueñas; pero al ser extraído del tejido de poder en el sur tamaulipeco, se rehicieron las estructuras de las cúpulas de la ciudad bifurcándose hacia el PAN y el PRI.
Sin la Quina, los verdaderos dueños del puerto optaron por no reñir con el gobernador en turno. Eran consultados para la postulación de los candidatos a la alcaldía por el Ejecutivo estatal; sólo cuando no coincidían, enfrentaban al gobernador con candidatos panistas.
El gobernador permitía ese juego; finalmente, los presidentes municipales -panistas- acordaban lo que consideraban mejor para el municipio.
El vínculo de buena parte de la clase política tampiqueña con Hernández Galicia, al desaparecer su líder de la escena sindical y política, diezmó a una multitud de políticos que se cohesionaban en torno al dirigente caído en desgracia.
Fue ese, uno de los factores que construyeron el escenario para la emergencia de potentes cuadros panistas porteños. La estructura social, se encargó de hacer más sólida esa tendencia. Por esa razón, el panismo del sur de Tamaulipas tuvo un crecimiento más significativo que el panismo fronterizo en la línea del tiempo de la entidad.
Ni la eclosión del lumpen panismo reynosense, en el año 2000, pudo disminuir la fortaleza de los azules porteños.
Un factor -dentro de algunos otros- que permitió la consolidación del panismo porteño, fue la habilidad de Chucho Nader. Logró lo que ningún tampiqueño había podido realizar en más de un siglo: la cohabitación de la comunidad árabe y judía en la región. Por décadas, esos dos grupos sociales, escenificaron malentendidos que se extendieron hasta los escenarios políticos.
Nader con sus buenos oficios políticos, delineó lo que parecía imposible: la concordia entre dos clanes que dominaban el comercio y la industria de ese polo de desarrollo económico del estado.
Fue ese ambiente que facilitó el nacimiento de un panismo que le disputó al PRI y luego a MORENA el ayuntamiento de Tampico.
(Ya antes el panismo había disputado la alcaldía triunfalmente, pero más debido a concertaciones, que por el arrastre del PAN).
Por todo eso, el panismo porteño ve con cierta indiferencia la disputa entre Omeheira y el Truco.