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SIndicato ISSSTE, Tamaulipas

¡Se les acabó el tiempo! Las cuentas no cuadran y el verdadero cambio podría quedarse sin continuidad

Fecha de Publicación: Agosto , 10 ,2026 | Tags: SIndicato ISSSTE, Tamaulipas,

* Cuatro años administrando las cuotas, una campaña millonaria y ahora versiones sobre reuniones de última hora. Mientras la dirigencia intenta cerrar números, en las urnas podría ocurrir aquello que menos esperaban: que la base trabajadora decida cambiar de verdad.

Redacción.

Tampico, Tamaulipas.—Ya no quedan semanas.

Ni siquiera días.

"Quedan horas".

Horas para que termine la campaña.

Horas para que se apaguen las bocinas.

Horas para que desaparezcan las banderas.

Y, sobre todo, horas para que el control deje de estar en manos de quienes administraron durante cuatro años y pase al único lugar donde realmente importa:

"Las urnas."

Algo parece haber cambiado en las últimas horas.

La seguridad de semanas anteriores comenzó a transformarse en nerviosismo.

Las sonrisas de campaña ya no sonl suficientes.

Porque una cosa es controlar el discurso.

Otra muy distinta es controlar el voto.

Y cuando existe la posibilidad de perder el poder, hasta el documento más insignificante puede convertirse en un problema.

Comenzaron a circular versiones sobre *reuniones privadas convocadas a última hora de hoy*, entre integrantes de la dirigencia y personas relacionadas con las finanzas sindicales.

¿El motivo?

Según el rumor, revisar cuentas.

Cerrar números.

Ordenar comprobantes.

Revisar facturas.

Y preparar la entrega de una administración que hasta hace poco algunos parecían convencidos de conservar.

Todavía viene lo peor.

*¿QUÉ PASA SI LOS NÚMEROS NO CUADRAN?*

Porque el candidato del llamado *“Verdadero Cambio”,* Abrham Vargas Hernández, no llegó desde fuera.

Durante cuatro años estuvo vinculado con las finanzas de la misma estructura a cargo de Antonio Zúñiga García, que ahora promete transformar.

Cuatro años.

Cuarenta y ocho meses.

Decenas de quincenas.

Miles de aportaciones.

Muchísimo dinero.

Y ahora el reloj corre.

Precisamente cuando empiezan a circular preguntas sobre despachos externos, facturas, comprobaciones, gastos y el origen de los recursos utilizados durante la campaña.

Entonces aparece el escenario que explica el temor y nerviosismo de último minuto:

*¿Y SI NO HAY CONTINUIDAD?*

¿Qué ocurre si mañana no gana quien conoce las cuentas?

¿Qué pasa si llega otro proyecto?

¿Qué sucede si alguien distinto recibe los libros?

¿Qué encontrará?

¿Facturas?

¿Comprobantes?

¿Estados de cuenta?

¿Vacíos?

¿Todo perfectamente cuadrado o simulado?

¿O preguntas que durante cuatro años nadie quiso formular?

Y ahí cambia por completo el significado de esta elección.

Porque ya no se trate solamente de elegir secretario general.

*Se trata de quién recibirá las llaves de la caja.*

Mientras la Planilla Azul pide otros cuatro años, otro proyecto comienza a representar para la mayoría de los trabajadores algo mucho más peligroso para quienes hoy administran:

*un relevo real.*

Un grupo que no participó en los números, en los dineros, ni en las mismas cuentas.

Que no tendría por qué protegerlas.

Que podría abrir los libros.

Revisar.

Preguntar.

Y exigir explicaciones.

Entonces la elección deja de ser únicamente política.

Se convierte en una cuenta regresiva.

Y por eso las últimas horas adquieren otra dimensión.

Porque si las reuniones de último minuto estaban fuera del orden del día, la pregunta ya no sería únicamente qué están revisando.

Sería:

*¿QUÉ TEMEN QUE ENCUENTRE QUIEN LLEGUE DESPUÉS?*

Ahí aparece nuevamente el dinero.

El que salió quincena tras quincena del salario de los trabajadores.

El que alguien administró durante cuatro años.

El que ahora aparece inevitablemente en el centro de cada pregunta.

Mientras tú trabajabas, aportabas.

Mientras aportabas, alguien administraba.

Y ahora que existe la posibilidad de que otro grupo reciba las cuentas, comienza el verdadero examen.

Porque una administración puede controlar sus propios informes.

Lo que no puede controlar con la misma facilidad es *quién los revisará después.*

Y quizá eso explique por qué, las últimas horas ya no parecen de campaña.

Parecen de *urgencia.*

De calculadora.

De carpetas.

De comprobantes.

De llamadas.

De puertas cerradas.

Y de una pregunta que comienza a quemar:

*¿ALCANZARÁ EL TIEMPO PARA CUADRAR CUATRO AÑOS ANTES DE ENTREGAR LAS LLAVES?*

Mañana podría ocurrir aquello que ningún operador político controla completamente.

*Que la base vote.*

Y que vote distinto.

Que después de cuatro años decida que el “Verdadero Cambio” no está en quienes prometen cambiar desde dentro de la misma estructura.

Que elija otro proyecto.

Uno que, haya construido credibilidad con hechos y no únicamente con dineros.

Y entonces sí podría comenzar el verdadero problema.

Porque perder una elección significa perder un cargo.

Perder una elección cuando además tienes cuatro años de cuentas por entregar significa perder también el control sobre quién las revisará.

Por eso quedan horas.

Horas para hacer contingencia y no campaña.

Horas para cuadrar libros y no para convencer compañeros.

Después ya no decidirán ellos.

*DECIDIRÁ LA BASE TRABAJADORA.*

Y quizá por primera vez en cuatro años, la pregunta más importante no sea quién administrará el dinero mañana.

Será mucho más incómoda:

¿QUÉ ENCONTRARÁ EL QUE LLEGUE CUANDO ABRA LOS LIBROS DE AYER?

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