Reynosa
Por Carlos G. Cortés García
ELECCIÓN DEL ISSSTE: EL PROMETER NO EMPOBRECE… ¡EL DAR ES LO QUE ANIQUILA!
Este martes 11 de agosto no será un día cualquiera para los trabajadores del ISSSTE en Tamaulipas. Se jugará la dirigencia sindical y, con ella, mucho más que una posición: se pone a prueba el hartazgo de una base trabajadora que durante años ha escuchado promesas, ha padecido decisiones cupulares y, según los señalamientos que circulan entre los propios trabajadores, ha visto cómo unos cuantos se aferran al poder como si el sindicato fuera patrimonio personal.
La planilla azul quiere conservar el control. Y no es difícil entender por qué. Quien controla el sindicato controla decisiones, posiciones, cuotas, relaciones y, sobre todo, una parcela de poder que algunos parecen considerar interminable.
Al frente de esta corriente aparece Antonio Zúñiga García, actual dirigente del movimiento sindical, quien impulsa a Abraham Vargas como candidato de continuidad. Y aquí está el punto central de esta elección: ¿se trata realmente de un cambio o simplemente de cambiar el nombre del dirigente para que todo siga igual?
Porque si Abraham Vargas representa la continuidad de Antonio Zúñiga García, entonces la elección no sería entre dos proyectos, sino entre seguir con lo mismo o abrir la puerta a una nueva etapa. Y eso es precisamente lo que está en juego.
En las campañas sindicales las palabras vuelan. Se promete de todo: mejores condiciones, defensa de los trabajadores, transparencia, beneficios, respeto, justicia laboral y un sindicato cercano a su base.
Pero hay una pregunta que debería hacerse cada trabajador antes de votar: ¿Quién está dispuesto a demostrar con hechos lo que promete? Porque prometer no empobrece. El dar es lo que aniquila.
Y cuando se habla de dar, habría que preguntar: ¿quién está poniendo dinero propio para hacer campaña?, ¿quién está utilizando recursos de los trabajadores?, ¿quién tiene estructura financiada desde hace años?, ¿quién depende de la maquinaria sindical para sostener su proyecto? Son preguntas incómodas, sí, pero los trabajadores exigen respuestas.
Mientras tanto, la planilla rosa busca presentarse como una alternativa frente a la estructura que actualmente controla el sindicato. Sus simpatizantes aseguran que están haciendo campaña con recursos propios y tratando de competir contra una maquinaria construida durante muchos años y con dinero de la propia base trabajadora.
Y en esta elección la diferencia, si realmente existe, no está en los discursos, sino en quién puede caminar frente a los trabajadores y explicar de dónde salió cada peso, cada apoyo y cada compromiso. Es decir, va a ganar el que esté dispuesto a dar la cara y mirar a los ojos a los trabajadores.
Y aquí aparece el verdadero nerviosismo, porque si la planilla azul pierde, no solamente perdería Abraham Vargas, sino también perderá Antonio Zúñiga García. Y quizá eso sea lo que más preocupa. Porque Abraham Vargas perderá una elección, pero para Antonio, la derrota significará algo mucho más profundo: el fin de un ciclo de control sindical. Y en una de esas hasta la pérdida de su libertad.
Y cuando un grupo siente que está a punto de perder el poder, suele ocurrir lo mismo: aparecen los ataques, los rumores, los señalamientos, las acusaciones y las campañas de miedo.
Entre otras muchas cosas, en redes sociales circula un audio atribuido a integrantes de la planilla azul, en el que, cobardemente, se lanzan acusaciones contra sus adversarios. El contenido, por supuesto, tendría que ser verificado y contextualizado antes de tomarlo como prueba de cualquier conducta indebida. Pero políticamente el mensaje es claro: la elección está caliente, muy caliente.
Y cuando una elección sindical llega a este nivel de confrontación, es porque hay algo mucho más grande que una simple boleta en juego.
La planilla rosa sostiene que representa una ruptura con las viejas prácticas, mientras la azul apuesta por la continuidad. Y los trabajadores tendrán que decidir cuál de las dos historias creen. Pero hay algo que no pueden permitirse: votar con miedo, ni por amenazas, ni por favores, ni por promesas, ni por compromisos personales ni mucho menos por presiones.
Los trabajadores tienen claro que el sindicato no le pertenece a Antonio García Zúñiga, ni le pertenece a Abraham Vargas. El sindicato le pertenece a los trabajadores y ellos son quienes deben decidir quién los representa.
Mañana martes, la base trabajadora tendrá la palabra. Y después de que se cierre la elección, llegará el momento inevitable de rendir cuentas. Y si llegara a ganar la continuidad, tendrán que demostrar que no habrá más de lo mismo, lo que parece muy difícil.
Y si gana la oposición, tendrá que demostrar que sus promesas no fueron solamente palabras de campaña, porque al final, en política sindical —como en la vida— las palabras se las lleva el viento, pero las decisiones dejan huella.
Y si hubo abusos, deberán explicarse, si hubo irregularidades, deberán investigarse, si hubo utilización indebida de recursos, deberán presentarse las pruebas, deslindar responsabilidades y presentar las denuncias correspondientes y que haya castigo.Y si todo fue solamente una guerra de acusaciones, entonces también habrá que decirlo.
Lo que no puede seguir ocurriendo es que los trabajadores sean utilizados como espectadores mientras unos cuantos se disputan el control del poder. Este martes no solamente se vota por una persona, Raúl o Abraham, sino que se votará por continuidad o cambio. Y al final de la jornada habrá una factura política que pagar.
Si son realmente dos proyectos distintos, tendrán que demostrarlo, porque esta vez, más que promesas, la base trabajadora estará exigiendo algo mucho más sencillo: hechos. Y los hechos, esos sí, no se pueden maquillar con discursos.
PD. 1. Nuestra solidaridad con el pueblo de Colombia por el sismo sufrido la mañana de este lunes, de magnitud 7.4 grados en la escala de Richter. Hasta el momento, de acuerdo con un primer balance que presentó el presidente Abelardo de la Espriella, suman 111 muertos por el sismo y 87 heridos. El mandatario colombiano dijo que hay 1,575 viviendas dañadas, 61 edificios colapsados y 18 centros de salud dañados como cifras preliminares. Reitero, nuestra solidaridad y afecto por esta tragedia.
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