Ciudad Victoria
* Recibió la dirigencia del PAN cuando el partido gobernaba Tamaulipas, tras más de dos décadas caminando al lado de Cabeza de Vaca. Años después entrega un partido derrotado, disminuido y obligado a reconstruirse desde la oposición.
Martín Díaz / Periodismo con Firma
Ciudad Victoria, Tam.- Luis René “Cachorro” Cantú Galván tuvo algo que muchos políticos pasan buena parte de su carrera buscando: el cariño y la confianza de quien llegó a convertirse en el hombre más poderoso de Tamaulipas.
Y no fue un cariño de ocasión.
La relación política de Cachorro con Francisco García Cabeza de Vaca se remonta a 1999, cuando Cantú encabezó brigadas juveniles durante la campaña por una diputación federal en Reynosa. Años después volvió a acompañarlo como coordinador territorial al Senado en 2012 y en 2016 operó en la Región Ribereña durante la elección que llevó al panismo al Gobierno del Estado.
El propio Cantú reconoció esa cercanía. Durante su campaña por Reynosa en 2024 habló públicamente de su amistad y agradecimiento hacia Cabeza de Vaca, recordando que lo conocía desde antes de ser gobernador y legislador.
No era un improvisado dentro del grupo. Acumulaba más de dos décadas de cercanía y oportunidades cuando, en noviembre de 2019, llegó a la presidencia estatal de Acción Nacional.
Y vaya momento para recibir el partido.
El PAN gobernaba Tamaulipas, tenía alcaldías importantes, fuerza legislativa, estructura territorial y una maquinaria política que apenas tres años antes había sacado al PRI de Palacio de Gobierno. Cabeza de Vaca le entregó la confianza y Cachorro recibió la responsabilidad de conducir las siglas.
El cariño fue grande. Quizá demasiado para el tamaño del dirigente.
En marzo de 2020, Cachorro aseguraba que el PAN estaba “más fuerte que nunca” y prometía ganar más de 31 alcaldías y los 22 distritos locales en 2021. Las urnas contaron otra historia: de los 22 distritos de mayoría, el PAN sólo consiguió seis; Morena ganó 14 y el PT dos. El PAN perdió el control del Congreso y el desmoronamiento comenzó.
Faltaba el golpe definitivo.
En 2022, el PAN no llegó a la elección como un partido opositor: tenía la gubernatura, estructura territorial y una alianza con PRI y PRD alrededor de César “Truko” Verástegui. Tenía prácticamente todo para defender el poder que había conquistado seis años antes.
Y lo perdió.
Américo Villarreal ganó la elección y Acción Nacional entregó en seis años el Gobierno del Estado que tardó décadas en conquistar.
Cachorro permaneció en la dirigencia y en 2024 decidió probar en carne propia lo que quedaba del partido. Compitió por Reynosa contra Carlos Peña Ortiz, “Makito”, heredero de una estructura que también creció bajo el panismo antes de abandonarlo.
El resultado fue demoledor: Makito obtuvo 116 mil 971 votos; Cachorro consiguió 52 mil 415. El hijo de una exalcaldesa que rompió con el PAN derrotó por más de dos a uno al propio dirigente estatal del partido.
Cachorro llevaba años administrando las derrotas del PAN desde la dirigencia.
En Reynosa finalmente conoció la derrota en carne propia.
Hoy entrega un partido muy distinto al que recibió en 2019. Ya no gobierna Tamaulipas, perdió buena parte de su fuerza legislativa y territorial y, quizá lo más grave, hizo perder la fe a muchos panistas que durante años trabajaron por victorias que parecían lejanas, sólo para terminar viendo cómo una dirigencia dilapidaba buena parte del capital político construido con el esfuerzo de generaciones.
No le faltaron oportunidades, estructura ni respaldo político. Mucho menos le faltó la confianza de quien durante años fue su amigo, impulsor y principal soporte político.
Le sobró cariño. Lo que faltó fue tamaño para corresponderlo.
Ahora la nueva dirigencia tendrá que recuperar territorio, militancia y convencer nuevamente a los tamaulipecos de que Acción Nacional todavía puede ser una alternativa.
Después de casi siete años al frente del PAN, Luis René Cantú se va sin haber conseguido crecer a la altura de la responsabilidad que recibió.
Para quienes reciben ahora el partido, la tarea será enorme. Pero Cachorro tuvo al menos la cortesía de facilitarles una cosa: cualquier avance podrá parecer grande después de su dirigencia.
Dejó la vara muy bajita.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.