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Francisco Garcia Cabeza de Vaca

Gloria Molina señala a Cabeza de Vaca, pero también se incrimina

Fecha de Publicación: Septiembre , 14 ,2026 | Tags: Francisco Garcia Cabeza de Vaca,,

* La exsecretaria de Salud rompió el silencio para acusar a Cabeza de Vaca de controlar los contratos y ordenar adjudicaciones a empresas ligadas a los Carmona. Pero al señalar quién daba las órdenes, también admitió que ella las cumplía.

Por Martín Díaz / Periodismo con Firma

 

Gloria de Jesús Molina Gamboa decidió hablar.

No lo hizo cuando recibió las primeras instrucciones ni cuando se adjudicaron los contratos que hoy se encuentran bajo investigación.

Habló cuando las denuncias penales llegaron hasta su nombre.

La exsecretaria de Salud de Tamaulipas difundió un mensaje en el que señala directamente al exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca como quien controlaba la proveeduría y los contratos con interés económico o político dentro de la dependencia.

La acusación no proviene de Morena ni de uno de los adversarios del exgobernador.

Viene de una mujer que integró su gabinete, administró una de las dependencias con mayor presupuesto y permaneció en el cargo hasta el último día del sexenio.

Por eso su declaración pesa.

Pero también la compromete.

Molina asegura que, desde su llegada, Cabeza de Vaca estableció una separación de funciones: ella atendería los asuntos técnicos y operativos de Salud, mientras él controlaría a los proveedores y los contratos relevantes mediante la Subsecretaría de Administración y Finanzas.

Según su versión, recibió indicaciones para adjudicar contratos de obra y servicios a Grupo Industrial Permart y Grupo Industrial Joser, empresas vinculadas con los hermanos Carmona.

También señala a Alejandro Aguilar Poegner, entonces subsecretario de Administración y Finanzas, como el funcionario que conocía y supervisaba el cumplimiento de esas instrucciones.

La declaración golpea directamente a Cabeza de Vaca porque no se trata de una acusación construida desde fuera de su administración. Proviene de una funcionaria que conoció desde dentro cómo se tomaban las decisiones.

Sin embargo, el golpe tiene regreso.

Gloria Molina no está narrando una operación que haya descubierto después de abandonar el gobierno. Está reconociendo que recibió instrucciones para entregar contratos a empresas previamente seleccionadas por intereses ajenos a las necesidades de la Secretaría.

Es decir, sabía quién decidía, conocía a los beneficiarios y estaba enterada de los supuestos compromisos económicos y políticos detrás de las adjudicaciones.

Aun así, permaneció en el cargo durante más de cinco años.

No renunció.

No denunció.

No se inconformó públicamente.

Durante todo el sexenio guardó disciplina y silencio. Ahora que las investigaciones la alcanzaron, recordó que las órdenes venían de arriba.

Gloria Molina llegó desde Chiapas al comenzar la administración cabecista. En octubre de 2016 fue colocada al frente del Seguro Popular y, siete meses después, Cabeza de Vaca la nombró secretaria de Salud.

No tenía una carrera política construida en Tamaulipas.

El gobernador la invitó, la ascendió y la sostuvo durante prácticamente toda su administración.

Ahora ella sostiene que el mismo hombre que la llevó hasta la Secretaría era quien decidía qué empresas recibirían los contratos importantes.

El actual Gobierno de Tamaulipas presentó denuncias por operaciones cercanas a los 500 millones de pesos con las empresas Permart y Joser. Las autoridades estimaron un presunto quebranto aproximado de 344 millones de pesos con recursos estatales y federales.

Entre las irregularidades señaladas aparecen pagos sin facturas, adjudicaciones directas sin justificación, contratos sin las firmas correspondientes y posibles triangulaciones de recursos.

Todo deberá probarse ante las autoridades y ninguna declaración pública sustituye una resolución judicial.

Pero el testimonio de Molina coloca una nueva pieza en el expediente: la versión de una protagonista que admite conocer cómo se distribuían las decisiones dentro de la Secretaría.

La exfuncionaria tiene razón cuando pide investigar toda la cadena de mando. El caso no puede detenerse en quienes elaboraron expedientes, tramitaron adjudicaciones o firmaron contratos. También debe alcanzar a quien supuestamente seleccionaba proveedores y daba las instrucciones.

Pero investigar hacia arriba no significa perdonar hacia abajo.

Molina ocupaba la Secretaría de Salud, no una oficina de mensajería. Tenía facultades, obligaciones y una firma con efectos legales.

Si las órdenes eran irregulares, pudo rechazarlas. Si existían compromisos políticos, pudo denunciarlos. Si no tenía control sobre los recursos públicos bajo su responsabilidad, pudo abandonar el cargo.

Prefirió quedarse.

Su declaración puede modificar el curso de las investigaciones si entrega documentos, mensajes, fechas, contratos y nombres de quienes participaron en las decisiones.

Debe explicar dónde se daban las órdenes, quién las transmitía, qué funcionarios preparaban los expedientes, quién autorizaba los pagos y en qué consistían los compromisos económicos y políticos mencionados en su mensaje.

Sin esas pruebas, su declaración puede quedar reducida a un intento tardío por repartir responsabilidades.

Con ellas, podría convertirse en el hilo que permita reconstruir una operación organizada desde los niveles más altos del gobierno.

Gloria Molina también pidió que cualquier amenaza, intimidación o afectación contra ella o su familia sea investigada. La advertencia debe tomarse en serio y las autoridades están obligadas a garantizar su seguridad.

Pero una cosa es protegerla y otra muy distinta absolverla.

Durante más de cinco años, Gloria Molina obedeció desde la Secretaría de Salud. Después dejó el cargo, pero no rompió el silencio.

Tuvo casi cuatro años para denunciar las órdenes que ahora atribuye a Cabeza de Vaca. No lo hizo.

Habló solamente cuando las investigaciones dejaron de apuntar hacia arriba y comenzaron a tocar su puerta.

Ahora deberá probar quién daba las órdenes, pero también responder por qué las cumplió y por qué esperó hasta verse acusada para contarlo.

Porque denunciar después de ser denunciada no borra la responsabilidad ni la exime de responder por los delitos que las autoridades logren comprobarle.

Ahí están los hechos; que cada quien saque sus conclusiones.

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