Tampico
Por Oscar Díaz Salazar
Las elecciones del año próximo, son una buena oportunidad para enmendar algunas decisiones que fueron malas, y que en la actualidad nos siguen dando muestras del error que tuvieron quienes las tomaron. Lo digo pensando en la presidenta municipal de Tampico, Mónica Zacil Villarreal Anaya, que hoy enfrenta la disyuntiva, al igual que sus promotores, de persistir en el error buscando la reelección en el cargo, o de concluir su periodo y esperar mejores tiempos para continuar su carrera política, teniendo una opción intermedia, en la búsqueda de una curul en el Congreso del Estado o en el Congreso federal.
Mónica es producto del nepotismo y el tráfico de influencias. El cargo se lo debe a su hermano el gobernador, quien le despejó el camino con maniobras cupulares, que incidieron totalmente en los resultados electorales.
Siendo producto del nepotismo, no ha tenido inconveniente en aplicarlo en el cargo que hoy desempeña, permitiendo la intervención de su hijo, el principito Leal, y su yerno, en la contratación de obra pública y en la proveeduría de bienes y servicios.
Las cosas se complican para Mónica Villarreal, en su ambición de repetir en el cargo, por la posición contraria a la reelección y al nepotismo, de la presidenta Claudia Sheinbaum, que si bien aún no tienen vigencia en la ley, sí la tienen en las reglas internas de morena.
Obstáculo adicional para la reelección de Mónica Villarreal es que ya ha desempeñado dos cargos consecutivos en el mismo órgano de gobierno, el Ayuntamiento de Tampico, en donde fue regidora y actualmente presidenta municipal, por lo que su reelección representaría una tercer reelección, que la ley electoral no permite.
Resulta hasta conveniente para el orgullo de mi nepotismo y para su patrocinador, abstenerse de buscar la reelección, pues hacerlo la condena a perder frente a Chucho Nader, que ya anunció su intención de participar en la elección por la presidencia de Tampico.
Los intentos de revertir la pésima imagen de Mónica Villarreal, llegan tarde y se aplican mal, y lo digo por el envío de camiones recolectores de basura, del gobierno del Estado, que no han podido igualar el servicio que se prestaba en los tiempos en que Tampico brillaba; lo mismo que por las obras para corregir los daños en las tuberías de drenaje, que generan malestar por la demora y por las repetidas fallas. Lo mismo aplica en el caso de la relación con la prensa, con la constante rotación de encargados del área, que además son improvisados.
Mónica Villarreal debería pensar en la conveniencia de ir cerrando su ciclo como presidenta. Pagar deudas, corregir el rumbo, sanar heridas con los que dejó en el camino, aprovechar que a su manito le quedará un año más posterior a la terminación de su cargo, para que se aprueben sus cuentas públicas y limpiar, corregir y borrar los expedientes necesarios, para poder cantar con alegría y tranquilidad, en coro con Lupe el de Bronco: que no quede huella, que no que no, que no quede huella.