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AL VUELO

AL VUELO | Bestias

Fecha de Publicación: Octubre , 13 ,2026 | Tags: AL VUELO,,

Por Pegaso

Bestias

 

¡Pero qué bestias!

Acabo de ver un video donde un grupo de adolescentes estaban jugando al burro bala en el patio de su escuela, en Yucatán.

No tiene nada de raro que practiquen ese bonito juego que era muy típico en los años ochenta y todavía en los noventa, hasta que vino el Internet y todo se fue al traste.

Lo raro es que uno de los equipos estaba compuesto por puras chicas.

Me explico. El burro bala se juega con dos o más equipos de varias personas. Uno de los equipos se coloca como base, colocándose el primero de sus componentes de espalda a una pared o árbol, con las manos entrelazadas a la altura de la pelvis, para sostener la cabeza del segundo miembro de su equipo, que se agacha hasta quedar firme. El tercero se pone inmediatamente detrás, igualmente agachado, con la cabeza pegada al trasero y con las manos bien sujetas a las piernas del segundo, y así, sucesivamente, hasta hacer una cadena. Lo ideal es que sean cinco o más, para que el reto tenga mayor dificultad.

Los del segundo equipo toman lugar. Agarran vuelo, se impulsan y brincan lo más cerca posible al que está pegado a la pared, dejando caer todo su peso sobre el que está agachado. El juego continúa hasta que todos los del segundo equipo hayan saltado sobre la espalda de los del primero. Si logran hacerlos caer, ganan el juego.

En el video que vi hace un rato, el primer equipo era el de chicas. La que se colocó parada de espalda a la pared sujetaba a la segunda, que estaba agachada, luego la tercera, etcétera, hasta hacer una fila de cinco o seis muchachas.

Mientras tanto, el segundo equipo, que era de chavos, se preparaba y el primero de ellos tomó impulso, cayendo pesadamente sobre la espalda de una de las pobres chicas. Siguió el segundo muchacho, y luego el tercero, hasta que finalmente la cadena de muchachas colapsó

¿Y cómo no? Mucho se ha dicho de las diferencias biológicas de hombres y mujeres. Los hombres son más resistentes, sus huesos más densos y duros, y pueden soportar los impactos mucho mejor que ellas.

Viendo cómo caían ellos encima de ellas, no puedo dejar de pensar lo que ocurrirá dentro de algún tiempo. Problemas lumbares, tal vez algún micro esguince o dolores musculares.

Soportar 50 o 60 kilos de peso en la espalda por varios segundos no tiene mayor problema, pero que te caigan con un impulso desde varios metros de distancia ya es otra cosa. Es como si te cayera en el lomo un bulto de cemento.

No, chavales. No sean bestias. La mayoría de las mujeres-a excepción de las muy robustas o las que practican fisiculturismo- no están hechas para ese tipo de juegos. Ellas son flores delicadas a las que no debemos tocar ni con el pétalo de una rosa.

Concuerdo con lo que dice El Potrillo Alejandro Fernández en una de sus más populares canciones: “Mátalas, pero con una dosis de ternura”.

Caerles en la espalda como costal de papas es propio de trogloditas, con el perdón de los trogloditas. Si quieren sentir lo que sintieron esas pobres chicas, jueguen al burro bala contra un grupo de luchadores de sumo japonés. Pa’ que vean lo que se siente.

Viene el refrán estilo Pegaso: “Por tal razón permanecemos como permanecemos”. (Por eso estamos como estamos)

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