Reynosa
Por Oscar Díaz Salazar
Audomaro
Llevo tiempo pensando, y escribiendo, que hasta en tanto no se mencione al general Audomaro Martínez Zapata y a Mario Delgado, en los temas de corrupción en morena y el gobierno federal que presidió López Obrador, el asunto era electorero, con el propósito de exhibir a los actores políticos de Tamaulipas y sin el ánimo de buscar o mostrar la verdad.
Parece que el gran día, o temporada, de escarbarle más a los asuntos del guachicol, la ordeña de ductos, y el guachicol fiscal o sea el contrabando de hidrocarburos, ya llegó, y el banderazo a la avalancha informativa que lleva tiempo contenida, la dieron en forma sincrónica varios medios nacionales, casualmente los que en un pasado no muy lejano recibieron los cañonazos de la tesorería que manejaba Cabeza de Vaca.
El general Audomaro Martínez, que en el sexenio anterior tuvo más poder que Genaro García Luna en los gobiernos panistas, lo señalan medios especializados en temas militares, como el jefe real de la SEDENA, de la Secretaria de Marina y de los servicios de inteligencia del gobierno federal, área donde ejerció como jefe formal.
En Tamaulipas tuvo acuerdos de colaboración y de impunidad con el gobernador Cabeza de Vaca. Su hijo y representante personal en Tamaulipas, tuvo un cargo formal obsequiado por Cabeza de Vaca, la presidencia del club de fútbol Correcaminos.
Dos de sus recomendados tuvieron cargos de primer nivel, uno rector de la Universidad y el otro gerente de la Comapa del sur.
Se dice que ningún negocio turbio escapaba al control, al arbitraje y al reparto del general Audomaro, ni en Tamaulipas, ni en todo el país.
Cabeza de Vaca le ha guardado el respeto que se merecen los socios que hicieron buenos negocios y cumplieron las cláusulas de lo pactado.
La complicidad es lo único que explica esa extraña omisión del general Audomaro en las acusaciones de Cabeza de Vaca, que ignora al más machuchón de los trafiques cuatroteros, mientras se ensaña con personajes de poca monta.
La relación de Cabeza de Vaca con Audomaro, es similar a la que aún sostiene con el exgobernador Egidio Torre. Ambos se guardan respeto, porque ambos tres, Cabeza, Egidio y Audomaro, se conocen demasiado, se saben cómplices y son conscientes de que un señalamiento entre ellos, equivale a escupir al cielo.
Celebro que se ventile el nombre y las acciones del que pinta para ser el Genaro García Luna del obradorismo, aunque como lo escribí líneas arriba, recargado y copeteado, como decía su patrón AMLO.
Concluyo diciendo que esto ocurre, como era de esperarse, en tiempos políticos y electorales, que como se dice coloquialmente, son tiempos en los que se pelean las comadres, y las verdades se saben.